No estaba tan borracha como para no sentir que había hecho pedazos su casa, que dentro de ella nada estaba en su sitio pero que al mismo tiempo –era cierto, era maravillosamente cierto-, en el suelo o en el techo, debajo de la cama o flotando en una palangana había estrellas y pedazos de eternidad, poemas como soles y enormes caras de mujeres y de gatos donde ardía la furia de sus especies…
A ti dejo mis cosas
Hace 9 años